A veces hay chicos que nos cautivan. Así sucedió con Juan Carlos López, un niño tartamudo de solo 10 años que vio su carta hacerse viral cuando su madre la publicó en Twitter. ¿Por qué tuvo tanto eco un papelito infantil? Porque el chaval ha demostrado una entereza, una personalidad y un respeto por sí mismo del que todos, adultos y pequeños, debemos aprender.

 

El porqué de la carta del niño tartamudo

A través de una iniciativa de la Fundación Española de la Tartamudez, se pidió a niños con este problema del habla que escribieran en un papel sus vivencias y experiencias. Al saberlo, el pequeño Juan Carlos no lo dudó ni un segundo. Según su madre, no tuvo ni tiempo de corregir las posibles faltas de ortografía.

Pero la mayor sorpresa en la carta de Juan Carlos no era su velocidad para escribir ni su ilusión. Lo más impresionante es el contenido de la emotiva carta tanto su madre como el resto de quienes han leído las letras del niño.

Y no es para menos, ya que el chico lo tiene claro al afirmar “A mí no me parece que la tartamudez sea algo malo, cuando alguien me pregunta yo le digo tan feliz que soy tartamudo“. ¡Sí, señor. Fuera complejos!

Es más, Juan Carlos hasta ha grabado un vídeo. Al niño le encantan las cámaras, no tiene ni un solo complejo por su tartamudez y se siente orgulloso de sí mismo. Sin duda, toda una lección de vida de la que debemos aprender. Si el chico de 10 años que tiene que aguantar bromas y comentarios no tiene un solo complejo y disfruta y es feliz, ¿por qué no hacerlo los demás?

 

La importancia de aceptarse a uno mismo

Es muy importante que nosotros, y nuestros propios niños, tengamos una alta autoestima. Por ello es necesario que nos aceptemos tal como somos, con lo bueno, y también con lo que consideramos negativo. Al fin y al cabo, de nosotros depende poder potenciar cuanto hay de positivo en la personalidad y minimizar todo aquello que creemos que es malo.

La carta de Juan Carlos, el niño tartamudo que vive sin complejos, es una importante lección. Hoy en día su problema del habla tiene incluso asociaciones para la defensa de las personas en su misma situación. Sin embargo, este joven no le da más importancia de la que en realidad tiene. No se siente estigmatizado por la sociedad y disfruta de su alegría y su desparpajo. Es más, el pequeño llega a decir en su carta: “A veces se chulean de mí, pero a mí me parece algo único“.

Porque el niño, sea tartamudo o no, es alguien único. Y este pequeño es tan único como lo eres tú o lo soy yo. Somos únicos y maravillosos cada uno en nuestra individualidad. Por eso es necesario que nos aceptemos como somos, que tengamos una autoestima envidiable y que vivamos la vida con alegría, desparpajo y salero.

Al fin y al cabo, cuando nos aceptamos como somos, nuestra relación con nosotros mismos es mucho mejor, más positiva, sana y sincera. Y ello nos empuja a una vida con mayor respeto y confianza en nuestras posibilidades. Todas estas virtudes debemos ser capaces de traspasarlas a nuestros niños. No cabe duda de que es la mejor herencia que pueden recibir.

Y por supuesto, una vez nos aceptamos como somos y tenemos un buen grado de autoestima, estamos preparados para cambiar todo aquello que vemos en nuestro interior y no nos gusta. Nos conoceremos mejor y podremos profundizar mucho más en nuestra forma de ser, de ahí que veamos hasta lo más hondo del alma para descubrir cómo podemos ser cada día más plenos.

Estamos encantados de conocer casos como los de Juan Carlos. El chico supera con creces lo que la sociedad considera un problema, pero él lo vive con naturalidad y alegría. Si él puede, cada uno de nosotros también seremos capaces de lograrlo. Y una vez alcancemos plenitud, podremos ofercerle a los pequeños una excelente educación basada en el respeto, la confianza, la sinceridad, la responsabilidad y la autoestima.

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