Si observas a tu alrededor verás cuántos padres están utilizando el chantaje emocional a la hora de relacionarse con sus hijos.  Ya que no es fácil que nos hagan caso siempre que lo pedimos. ¿verdad?

En demasiadas ocasiones olvidamos qué edad tienen y si puede que no estén preparados para lo que les estamos pidiendo.

También queremos que nos hagan caso a la primera, pero recuerdo lo que oí decir a Mauricio Wild, un importante pedagogo: acompañar a un niño en su crecimiento es esta repitiéndole lo mismo durante muchos años hasta que un día te acaba entendiendo.

¡Cuánto me viene a la cabeza esa frase cuando ya no sé qué hacer y tengo ganas de chantajear para lograr que me hagan caso!

Te animo a interiorizarla y entender que como parte de su desarrollo necesitan que las cosas se repitan y se repitan. Es algo que hacen casi todos los niños y aunque eso no es un consuelo, nos permite entender que no es algo contra nosotros.

 

Escena 1. Madre e hijo. 

1 Empezamos bien, tranquilos. Solamente estamos pidiéndoles que hagan algo que consideramos necesario en ese momento.

2 No nos ha hecho caso pero queremos darle otra oportunidad. Hablamos un poco más serios, pero con la esperanza de que ya lo hagan.

3 Nos estamos enfadando de verdad. Les avisamos de que es su última oportunidad.

4 Tampoco ha funcionado. Sale nuestro enfado en forma de grito, castigo… o chantaje emocional.

¿Qué es el chantaje emocional?

Cuando la demostración externa de nuestro enfado, implica la manipulación de sus sentimientos. Esperamos que al vernos así, ellos reaccionen y por eso nos animamos a mostrar con menos pudor lo que sentimos o directamente actuamos sobre lo que más le gusta para tocar sus emociones.

Se acabó la tablet. Hoy no sales con tus amigos. Te has quedado sin la televisión de este fin de semana. En el peor de los casos, les amenazamos hasta con quedarse sin viajes planeados y sin su fiesta de cumpleaños. O nos hacen caso o se van a quedar sin alguna de esas cosas que conforman las actividades más entretenidas de su vida.

 

Por qué es un error usar el chantaje con los niños

Tus niños de 8, 9 o 10 años van a ser dentro de poco adolescentes más altos que tú. Su capacidad para argumentar habrá mejorado y sabrán rebatirte cada cosa que les digas. ¿Qué piensas hacer si no arregla su habitación y le amenazas con no salir esta tarde y aun así no te hace caso? Con esa edad ya no te van a permitir que manipules todo aquello que constituye su mundo. Te puedes encontrar con que harán lo que quieran a pesar de tus gritos, enfados y chantajes.

 

¿Qué hacer entonces?

  • Dialogar hasta la extenuación
  • Insistir sin tregua
  • No rendirnos pues necesitan nuestras enseñanzas
  • No usar el chantaje con ellos desde pequeños
  • Confiar en cómo estamos actuando

 

¿Consecuencias o castigos?

Cuando nuestros hijos no actúan como debieran han de entender que sus acciones tienen consecuencias. No les estamos castigando por no recoger su habitación, pero lo que no tiene sentido es que algo que es su obligación, no lo hagan y no obstante sigan disfrutando de todos sus privilegios. Además, muchas de las cosas que se niegan a hacer, afectan a otras personas (entre ellas tú, que acabarás teniendo que recoger)

La razón por la que yo considero que esto son consecuencias y no castigos es que ellos están eligiendo qué hacer y tomando una decisión.

Para ello hay que intentar estar lo más sereno posible (difícil, lo sé). No podemos perder los papeles porque si no acabará siendo un castigo desde nuestra posición de ordeno y mando.

Ejemplo:

Estáis en el parque y empieza hacer frío. El niño no quiere ponerse la chaqueta… 

  • Consecuencia: Te tienes que poner la chaqueta porque no se puede estar en el parque ya que hace frío y podrías constiparte.
  • Castigo: O te pones la chaqueta o nos vamos a casa y te quedas sin parque.

Cuando sientas que ya no puedes más, recuerda que todo el “trabajo” que estamos haciendo ahora tiene un sentido y un impacto en su vida futura.

CTA ebook nutricion footer